FOR HONOR

Durante el segundo episodio de su primera temporada, Deadliest Warrior se planteaba una pregunta que probablemente muchos nos hayamos hecho en nuestro tiempo libre, ¿Quien ganaría en una batalla, un Samurai o un Vikingo? Y es que a pesar del extenso periodo histórico y geográfico que dividía ambas civilizaciones, siempre ha sido de particular interés el preguntarnos quien ganaría estos enfrentamientos ficticios. Esta es la situación que plantea Ubisoft con su más reciente IP, For Honor.

Pocos cambios ha recibido el juego desde su presentación original en la E3 de 2015, manteniendo principalmente su interfaz y único estilo de juego que hacía maravillas durante aquella demostración jugable. Apenas comenzar, For Honor nos presenta directamente con sus tres facciones, dándonos la opción (obligándonos en pocas palabras) de jurar lealtad a los Caballeros, Samurai o Vikingos, afectando directamente al metajuego conocido como “Guerra de Facciones”, un interesante conflicto multiplataforma que iré comentando más adelante.

El arte de la batalla

Al igual que un juego de pelea, For Honor requiere de una combinación de paciencia y habilidad para hacerse totalmente con las mecánicas. Con un sistema que nos permite atacar y defendernos por tres direcciones, Ubisoft consigue recrear casi a la perfección la elegancia y dedicación que involucra un combate con espadas entre dos contrincantes experimentados, un juego de tensión que se traduce en un concurso de miradas hasta que alguien efectúa el primer golpe. Asemejándose en cierta forma al combate que ofrecen otros títulos como Dark Souls (FromSoftware) y Mount & Blade (TaleWorlds) por el fijado y la dirección de los ataques respectivamente.

Así mismo, los distintos ataques ofrecen la posibilidad de encadenarse con bloqueos, agarres y rupturas de defensa, los cuales, en relación al personaje y entorno pueden resultar en increíbles combinaciones, lanzamientos y evasiones que pueden alterar el resultado de un combate en cualquier momento. Con ello el juego nos obliga a estar siempre pendientes de nuestro alrededor, el enemigo y más importante, la resistencia. Esta última determina la cantidad de acciones que podemos realizar antes de agotar al personaje.

Llamado el Arte de la Batalla, el sistema de combate de For Honor acentúa las virtudes de cada personaje y castiga la prisa tanto como premia la paciencia. Invitándonos a jugar con el entorno y aprovechar las debilidades del oponente en un sistema donde todo ataque tiene una contra y cada movimiento erróneo, su castigo. Así, una ruptura de guardia en el momento apropiado puede dar resultado a un combo finalizado por una ejecución o nuestro rival preguntándose por qué le ha dado la espalda a la orilla.

De esta forma, el juego nos permite afrontar distintos enfoques al combate dependiendo del personaje que estemos usando. Dividiendo las opciones en cuatro guerreros para cada una de las tres facciones, los cuales a su vez, se separan también por distintas clases, Vanguardia, Asesino, Pesado e Híbrido. Cada clase, con habilidades similares pero estilos de juego totalmente diferentes. Demostrando un gran cuidado y atención al detalle en la forma en que se maneja cada situación. Y para un juego, donde las mecánicas de combate son la base principal de toda la experiencia, For Honor presenta unas bastante completas.

Una guerra de mil años

Tratándose de un título centrado principalmente en su vertiente multijugador, For Honor no tarda mucho en presentarnos su variedad de personajes durante la campaña, la cual, a través de 18 capítulos nos permite probar cada uno de los personajes de las tres facciones al mismo tiempo que sirve como punto de contexto para los acontecimientos del juego. Aunque finalmente termina sintiéndose más como una suerte de tutorial extendido que un intento serio de explicar el porqué del conflicto de facciones.

Es en su multijugador donde For Honor pone a relucir las joyas de la corona, comenzando por Dominio, un modo de captura de objetivos similar a los que encontraríamos en géneros como el Shooter, en este, dos equipos de cuatro jugadores deben mantener control sobre la mayor cantidad de puntos el mayor tiempo posible. En el momento en que cualquiera de los dos equipos alcanza los mil puntos comienza una especie de muerte súbita, donde el equipo que haya conseguido los puntos primero tendrá que eliminar a todos los miembros del contrario para ganar. Esto puede dar lugar a momentos muy interesantes y da la posibilidad de recuperarse para el equipo en desventaja.

Luego está la Escaramuza, una versión ligera de dominio que elimina los puntos de control y se enfoca directamente en el combate de equipo contra equipo manteniendo la muerte súbita para el vencedor. Finalmente están los modos de torneo, el Duelo, Pelea y Eliminación, modos de 1v1, 2v2 y 4v4 respectivamente donde se enfrenta a los jugadores en combates cara a cara, la muerte es permanente y los momentos donde es común encontrarse en una desventaja considerable aparecen con más frecuencia.

Sin duda son esta clase de situaciones las que hacen brillar con más intensidad las mecánicas del juego y hacen de For Honor un título único en su clase. Así como en extrañas ocasiones, dan lugar a particulares demostraciones de comportamiento honorable. Especialmente durante momentos en desventaja, siempre es agradable ver a otros jugadores esperar pacientemente mientras nos enfrentamos a uno de sus compañeros en lugar de atacar todos al mismo tiempo. Esto podría deberse a el mismo sistema de venganza que el juego implementa, donde si nos vemos superados numéricamente se nos permite activar un incremento en la salud, el ataque y la resistencia. Aún así es increíble pensar que la comunidad pueda ceñirse de forma tan sorprendente a su propio código de ética.

De la unión nace la fuerza

Ya mencionaba anteriormente la Guerra de Facciones, ese conflicto multiplataforma que actúa de metajuego y sirve su función como una guerra a gran escala entre Caballeros, Samurai y Vikingos, en ella, cada facción ocupa un territorio del mapa circular que también sirve como selector de modalidad. Con cada batalla en que participamos obtenemos recursos bélicos para apoyar a nuestra facción elegida al atacar o defender territorios de los enemigos, al final de la temporada, todos los jugadores pertenecientes a la facción ganadora obtienen una recompensa, de esta forma se incentiva a los jugadores a participar activamente apoyando a su facción utilizando cualquiera de los guerreros disponibles en una forma que es tanto única como interesante.

Otro gran acierto llega por parte de la personalización, pues For Honor nos permite modificar casi en su totalidad el equipo y armamento de nuestros personajes preferidos. Con opciones que van desde colores, emblemas y decoraciones especiales, no sólo nos permite modificar visualmente a nuestro personaje, sino que además las distintas piezas de equipo modifican ligeramente las estadísticas de distintas capacidades de combate. Esto, finalmente sin llegar a extremos donde un jugador, por llevar una armadura de nivel 90 tendrá alguna ventaja significativa contra una de menor nivel, pues estas modificaciones no incrementan ningún valor sino que lo intercambian por otro; Ataque por Defensa, Velocidad por Resistencia etc.

Por desgracia, estas opciones traen consigo la posibilidad de pasar por caja para obtener este contenido más rápidamente. Sin duda una pena que un título tan increíblemente balanceado tenga que verse afectado por esta práctica elevando el precio de algunos artículos especiales a el punto que se hace casi necesario pasar por caja o invertir una cantidad insana de horas para conseguirlo.

Finalmente, el problema más grande que aqueja un título que de otra forma podría haber llegado a la excelencia. Y es que For Honor no cuenta con servidores dedicados sino que funciona utilizando conexiones P2P. Esto termina finalmente afectando la experiencia completa en la situación en que un jugador, en este caso el anfitrión, abandone la partida (lo cual sucede con mayor frecuencia en el modo Duelo), provocando que, en el peor de los casos, esta termine de forma abrupta.

Conclusión:

En pocas palabras, For Honor es un título que requiere de práctica y paciencia. E incluso cuando puede parecer abrumador en un principio, para quien está dispuesto a invertir el tiempo y dedicación en aprender sus mecánicas se encontrará con uno de los mejores títulos competitivos de los últimos años. Uno de pocos juegos dignos del tiempo que requiere y que sabe aprovechar sus virtudes aunque también se vea lastrado por sus defectos.

Este análisis fue realizado con una copia del juego facilitada por Ubisoft

Good

  • Sistema de combate profundo y altamente gratificante
  • La Guerra de Facciones resulta única e interesante
  • Visualmente impresionante
  • Personalización extensa y variada

Bad

  • El uso de conexión P2P termina por perjudicar la experiencia en el peor de los casos
  • Innecesaria inclusión de micropagos
8.6

Excelente